Un muerto muy incómodo

Rosa Mora Àlex Martín Escribà, noir català

Coinciden en librerías la última novela de Llort Pes mort, -una noche de pesadilla tras la muerte de un hombre obeso en un restaurante-, y Herencias colaterales, la primera traducción del catalán al castellano de su obra. Una excelente noticia.

Dice Carlos Zanón de Llort que “escribe desde el juego y para el juego y nunca sabes en qué momento te disparó la bala que te dio entre los ojos. Original, talentoso, rápido e importante. El secreto mejor guardado del noir catalán”. Una definición muy acertada. 

La bala a la que se refiere Zanón es siempre una sorpresa. Cada uno de sus libros es radicalmente diferente de los otros. No te encapriches nunca de uno de sus personajes porque se lo puede cargar en las páginas siguientes y convéncete de que cualquier persona puede ser un asesino.

Novelas muy diferentes, pero su literatura sí tiene algunos rasgos en común: prosa fluida y capacidad de síntesis -con pocas palabras sitúa perfectamente personajes, circunstancias y paisajes-; diálogos ágiles y mucho más elocuentes que cualquier explicación; sobresale su humor negro, ácido y a menudo salvaje; Llort siempre juega con sus personajes; y no incide especialmente en temas sociales o políticos, aunque sí quedan reflejados en sus historias.

“Me invento un personaje y convenzo al lector de que es el protagonista, pero después juego: ¿Lo salvo o no?”, explica en una entrevista.

Lluís Llort (1966), que firma sus libros como Llort, nació en Alicante, pero vive en Barcelona desde los tres meses. Es periodista y trabaja en el diario El Punt Avui desde hace más de treinta años. Se inició en la literatura con cuentos y su primera novela, Tardor (de la que ahora sólo salvaría fragmentos), estuvo cinco años dando vueltas por las editoriales.

Su gran salto fue Si Quan et donen per mort un día tornes (2012), en la que, a partir de la gamberrada de un adolescente, nos lleva de viaje a un infierno de droga, violencia y cárcel.

Pánico en el restaurante

Llort publica Pes mort después de tres años de silencio. La anterior No n’estiguis tan segur (2016) -de ecos tarantinescos-, con mucha violencia, sexo, sicarios, políticos corruptos, era una novela entre el homenaje y la burla de los estereotipos del género. Pes mort está en las antípodas.

Por no haber no hay aquí ni un asesinato, aunque sí una muerte. El discreto sibarita Cisco, un empresario con obesidad mórbida (ciento veintiocho kilos) tiene el mal gusto de morirse tras una copiosa y bien regada cena en un restaurante del Eixample barcelonés. Los propietarios, Josep y Teresa, el camarero Llorenç y la cocinera Cris entran en pánico. ¿Y si se ha intoxicado?

Empieza la locura llortiana: ¿Qué hacer con un muerto tan pesado? Intentan trasladarlo, se les cae encima, se les desparrama. Cuatro personas histéricas acarreando un cadáver. Conversaciones increíbles que reflejan los nervios, el miedo y la imaginación desatada. Por momentos te sumerges en el camarote de los Hermanos Marx y se te saltan las lágrimas de risa. 

Como diría Àlex Martín Escribà, el director de la colección Crims.cat, es una dramedia, un drama con buena dosis de comedia. En esa madrugada de nervios y confesiones surge el verdadero carácter de cada uno, también del muerto. Vemos sus vidas, sus secretos y sus culpas, con humor negro y un suspense que no cesa.


Una herencia envenenada

Herencias colaterales, que se publicó en catalán en 2016, es una historia de codicia, venganza, malos tratos y violaciones. Francesca (Cesca) Puigmajor, un nombre a no olvidar, es la protagonista de esta novela coral. A los setenta y ocho años decide vender su piso al abogado Ernest Claramunt a cambio de una suculenta pensión vitalicia. Las cosas no salen tal como preveían los Claramunt. Dieciséis años después, Ernest está muerto y Cesca sigue viva. Ahora, a punto de cumplir ciento cinco años y, aunque en silla de ruedas, sigue activa y controlándolo todo. O casi todo.

Llort, con su habitual economía de palabras, hace un retrato espléndido de las dos familias, los Puigmajor y los Claramunt, ambas venidas a menos.  Hay algo importante: en 1933, el padre de Cesca “la vendió” en matrimonio con el hijo de un empresario; un hombre repugnante. Desde el día después de la boda, Cesca comenzó a planear su implacable venganza. La narración avanza a saltos del pasado al presente y mantiene en vilo al lector. No faltan referencias a la Guerra Civil. Conoceremos a muchos personajes singulares, como la guardia pretoriana de la incombustible Cesca o el patoso aprendiz de asesino. Con el humor siempre presente. Es una de sus novelas duras, pero quizá una de las más divertidas.

Para el escritor, es importante pasarlo bien escribiendo. “Y lo he conseguido”.

Es probable que antes de un año tengamos nueva novela de Llort. Mientras llega, sería bueno que se tradujeran al castellano algunas de las ya publicadas en catalán, como  La imperfecció de les bombolles (2009), en la que disecciona el mundo de los libros, editores, autores, críticos y periodistas; Si Quan et donen per mort un día tornesSota l’alsfalt (2015), una noche de delirio y paranoia en el metro de Barcelona.

Pes mort

Llort

Col.lecció Crims.cat. Alrevés

180 páginas. 17 euros

Herencias colaterales

Llort

Alrevés

UN 204 páginas. 18 euros

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