«Soy la madre muerta de una niña muerta»

Rosa Mora Barcelona de hoy, crítica social, tradición tzadik

Carlos Bassas del Rey ha dado un salto cualitativo en su obra. Tras la excelente serie (más cercana a las convenciones del género), de su inspector Herodoto Corominas, publica dos novelas negrísimas y duras: Justo, un homenaje en toda regla a Cosecha roja, de Dahiell Hammett, y, sobre todo, Soledad, una historia desgarradora.

“Eres una esclava. Eres mujer. No tienes estudios. Eres inmigrante”. Con estas palabras, Soledad, la principal voz de la novela del mismo título, describe su vida. Limpiadora por la mañana y cuidadora de ancianos por la tarde, ve que su única hija, Abigail, se muestra cada vez más distante, avergonzada de su madre. Y un día, esta joven de catorce años aparece muerta -¿asesinada?- en un parque. Vestía como una mujer.  

Soledad sólo encuentra en su casa desesperanza y abandono. Nunca ha sido feliz. Su marido es un maltratador y un putero. La violó por primera vez cuando tenía quince años. Su suegra no cesa de repetirle a todas horas que la culpa de la muerte de Abigail es suya, que la dejaba vestir como a una puta.

El otro protagonista es el subinspector Romero, encargado del caso, que también acarrea su propio infierno de desolación. Intuye que la verdad por la que lucha lo arrasará todo.

Soledad apenas tiene ciento ochenta páginas. Pero de enorme intensidad y desenlace inesperado, a la vez es una crítica feroz a la hipocresía de la sociedad ante la indefensión de tantas y tantas mujeres invisibles. Bassas del Rey ha depurado su estilo: frases cortas y demoledoras y acotaciones exactas. Un mismo hecho es algo muy distinto, según la visión de Romero o de Soledad. Perspectivas diferentes a través de la lograda voz interior de cada uno.

El lector tiene la sensación de que el escritor se expresa ahora con mayor libertad que antes. El camino emprendido, muy interesante, se inició con Justo

Justo

Justo, el protagonista la novela, sigue la tradición tzadik de los 36 hombres justos por generación que han de mantener el equilibrio entre el bien y el mal. Se la inculcó su madre, una judía holandesa que estuvo en el campo de Buchenwald, donde conoció a su padre. 

“No tiene que ser gente buena. Son gente justa, ¿entiendes la diferencia?”, le repetía.

Justo aceptó esta misión sagrada y aprendió a matar (en el Ejército y en la Legión). Primero se dedicó a la muerte selectiva de quien consideraba culpable. Causó daños colaterales en personas inocentes, pero eso nunca le preocupó demasiado. Lo importante era su misión que mezcló con una venganza personal. 

Pero ahora tiene más de setenta años, bastantes achaques y es consciente de que se le acaba el tiempo. Decide, pues, “limpiar” su ciudad, Barcelona. Al más puro estilo de Continental Op (el agente de la Continental) logra que los delincuentes se maten entre sí y a los altos cargos implicados los remata él.

Narrada en primera persona, con diálogos ágiles, es, sobre todo, un canto lleno de nostalgia a la Barcelona que fue. La ciudad se erige en la otra gran protagonista de la novela. Justo se mueve por Ciutat Vella y no reconoce sus calles, plazas, ni comercios. El lector le sigue por todos esos lugares como si llevara una lupa de gran aumento. Su libro de cabecera es Las calles de Barcelona, de Víctor Balaguer. Es asimismo un reconocimiento a la Barcelona que tan bien retrataron Juan Marsé, Eduardo Mendoza, Manuel Vásquez Montalbán y Francisco González Ledesma

Carlos Bassas del Rey (Barcelona, 1974), residente en Pamplona, es periodista y guionista. Autor de cortos y largometrajes, videoclips y spots, imparte cursos de audiovisual. Ha dirigido el festival Pamplona Negra. Curioso y con múltiples intereses, es un apasionado de los clásicos y de las tradiciones, cultura y literatura japonesas, desde que de pequeño se aficionó al mundo de los samuráis y de las artes marciales.  Afición que se ha plasmado en una saga de novelas orientales históricas y de aventuras.

Debutó en el género negro con su serie del inspector Herodoto Corominas, protagonista hasta ahora de tres novelas : El honor es una mortaja (2013), Siempre pagan los mismos (2015) y Mal trago (2016). Las tres transcurren en una ciudad imaginaria, Ofidia, que podría ser Pamplona o cualquier capital de provincia española. 

Leídas en su conjunto, dan cuenta del lento descenso del inspector a los infiernos. Un hombre honesto, que lucha por la verdad y la justicia y que, de alguna manera, la aplica aunque no siempre por métodos ortodoxos.

Más previsibles que Soledad y Justo, estas novelas tienen excelentes argumentos y personajes. Son historias de fuerte crítica social y solventes análisis del procedimiento policial. Uno de sus ejes es el mundo de las relaciones familiares, y el otro -que atormenta a Corominas- el paso del tiempo. En todas ellas está muy presente Manuel Vázquez Montalbán. El mejor amigo del inspector se llama Vázquez y el bar que regenta desde la jubilación, Biscuter. También hay guiños a otros autores, como el policía Zanón. 

Soledad

Alrevés

184 páginas

17 euros

Ebook: 3,80

Justo

Alrevés

240 páginas

18 euros

Ebook: 6,64 euros

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