Paciencia no puede más

Lilian Neuman árabe, Marruecos, tráfico de hachís

Escritora, guionista, abogada y cineasta, Hannelore Cayre es muy conocida en Francia, y mucho más con esta novela llevada al cine. La Daronne es, en la pantalla, Isabelle Huppert. Espléndida protagonista.

   Lo que le ocurre a Paciencia Portafuegos -desde Petra Delicado no aparecía nombre y apellido tan sugerentes- es lo que a muchas, muchas mujeres les sucede: no puede más: “La vida me había pasado por encima como esa plancha que utilicé cada noche para que mis hijas, pese a la falta de dinero, tuvieran siempre la ropa impecable”. Ha superado los cincuenta años, tiene un novio que la quiere, pero el duro golpe de su juventud es de largo aliento. Su nombre -Paciencia- fue porque se tomó su tiempo para salir del vientre de la madre. Y el Portafuegos es el apellido de su amado esposo y padre de sus dos hijas, con quien le aguardaba un hermoso porvenir.  

   Cuando comienza esta historia, Paciencia es una mujer sola que tuvo que aprender a ganarse la vida. Sigue traduciendo del árabe para el Ministerio de Justicia, y las horas y horas que se deja a la escucha de narcotraficantes y demás individuos son para pagar los 3400 Euros mensuales de la residencia de su madre; trágico y temible personaje. Qué sentido tiene todo esto, se pregunta, al mismo tiempo que se mantiene a la escucha de pequeños y grandes trapicheos.

  Y un día llega la reflexión, la evidencia y el absurdo: los chicos que trafican y que ella sigue de cerca cumplen penas por venderles hachís “a los hijos de los polis que los persiguen, a los de los magistrados que los juzgan y a todos los abogados que los defienden”.

  Paciencia lleva veinticinco años recogiendo los datos, conocimientos y argumentos irrebatibles para lo que está a punto de hacer. El thriller en donde ella se desdobla, engaña e intenta asegurarse un piso para cada una de sus hijas es, sobre todo y ante todo, imprevisible. Puro vértigo moral y criminal. Paciencia es una mujer que aporta algo nuevo al perfil femenino del género. No tanto por su salto a la ilegalidad (que no es menor) sino por su visión sobre ese paisaje moral, político y social en el que se zambulle; y así límites y fronteras se ponen a temblar.

La madrina

Hannelore Cayre

Siruela

Traducción de Susana Prieto Mori

243 páginas

18,95 E  Ebook 9,99 E

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