Las valerosas abuelas de Miss Marple

Rosa Mora y Lilian Neuman Sin categoría

Una antología rescata del olvido a las primeras detectives de ficción.Las detectives de ficción nacieron adelantadas a su tiempo. Aparecieron cincuenta y cinco años antes de que Scotland Yard contratara -en 1929- a las primeras agentes cualificadas y veinte años antes de que fichara a las primeras celadoras.

Las descubrimos en la antología Detectives victorianas. Las pioneras de la la novela policiaca, del estadounidense Michael Sims

La señora Paschal, la señora G., Loveday Brooke, Dorcas Dene, Loys Cayle, Dora Myrl, Amelia Butterworth muestran, entre otros aspectos, el devenir del género y el lento y complicado proceso de emancipación de la mujer.


Anna Katharine Green

Wilkie Collins creó la primera investigadora de ficción en El diario de Anne Rodway(1856). Es una modesta costurera que malvive en un mísera pensión de Londres y que decide averiguar quién ha matado a su amiga Mary. Pero, para Sims las verdaderas detectives profesionales comienzan con la señora Pachal y la señora G., creadas en 1864 por W. S. Hayward y Andrew Forrester Hijo respectivamente.

Edgar Allan Poe

Hay hay unanimidad en que el norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849) es el fundador de la literatura policial (con su detective privado Auguste Dupin y Los crímenes de la calle Morgue (1841)), también la hay en que la “madre” de la novela de detectives es la estadounidense Anna Katharine Green (1846-1935), con El caso Leavenworth(1878). Es la primera mujer que publicó una novela policiaca en un solo volumen, que además fue un éxito de ventas en su época. Destaca por la estructura, estilo y argumento.

Wilkie Collins
Casi veinte años después, Green creó su inteligente, simpática y divertida detective Amelia Butterworth, en El asunto de la puerta de al lado(1897), también traducida como El misterio de Gramercy Park(existe una excelente edición en la editorial Época).
Amelia, en la cincuentena, orgullosa de ser soltera e independiente, es una detective aficionada. Se la considera el más claro precedente de Miss Marple. Sólo que, como dice Sims, es “tridimensional”, de carne y hueso.
Green se inventó otra investigadora, Violet Strange, en La segunda bala(1915), una joven rica, de la alta sociedad, que oculta a sus amistades su trabajo en una agencia de detectives.
Ya en su primera novela, Green, la única autora de la que se incluyen dos textos en Detectives victorianas, abordó temas como el asesinato a puerta cerrada o la resolución del caso ante todos los sospechosos (eso que gustaba tanto a Hércules Poirot).
Nuestras damas investigadoras de papel comparten algunos rasgos: casi todas proceden de buena cuna y tienen estudios, pero se ven obligadas a trabajar, en un oficio tan poco femenino como denostado socialmente, por infortunios de la vida. Colaboran con la policía, trabajan para agencias y unas pocas son aficionadas a resolver misterios.
C. L. Pirkis
Poseen el arte del disfraz (doncella, ama de llaves, enfermera…) y sus jefes las valoran por su sentido común y por su capacidad para indagar la vida íntima de los sospechosos. Son valientes y no tienen problemas en meterse en situaciones de peligro.

Robos, estafas, asesinatos, secuestros, suplantaciones de personalidad, mujeres desaparecidas… son algunos de los casos que abordan estas detectives de ficción. En general, son crímenes enrevesados y algunos relatos tienen el punto melodramático propio de la época. Es mérito de sus creadores introducir algunos temas no demasiado habituales en la era victoriana: el trabajo invisible de cientos de mujeres en tareas humildes, mientras estaba mal visto que las mujeres de la buena sociedad trabajaran; el enfoque psicológico de temas y personajes o el lesbianismo.
Los once relatos seleccionados (sólo cuatro escritos por mujeres), publicados cronológicamente, reflejan los profundos cambios producidos durante la época victoriana (1837-1901).
Mary E. Wilkins

Este es otro de los aspectos interesantes de la antología: en la época victoriana, culminada la Revolución Industrial, se produce un impresionante desarrollo del transporte colectivo y de las comunicaciones; y al mismo tiempo se inicia el declive de la aristocracia y el ascenso de la burguesía. Así, el campo perdió riqueza y crecieron las ciudades.

Las damas investigadoras pasaron de acatar las órdenes del jefe sin chistar a cuestionar sus decisiones; de moverse en sillas de postas, cabriolés, calesas o landós a viajar en tren y en bicicleta. El triciclo y luego el biciclo impusieron un cambio de costumbres que empezó por el vestuario y que escandalizó a los conservadores. Como dijo la feminista Ada Ballin: “Los encajes ceñidos deben desaparecer de la mente y del cuerpo de la mujer que desee conducir el caballo de hierro”.
Una locomotora de vapor

El impacto del ferrocarril (espacio ideal para perpetrar y resolver crímenes) aparece en varios relatos. Paara la señora Pachal es el gran invento de su tiempo: “Hay algo en el veloz movimiento de los vagones que siempre me resulta vivificante. Es propio del progreso y me levanta el ánimo”, dice en La condesa misteriosa.

Detectives victorianas. Las pioneras de la novela policiaca gustará a los amantes del género policiaco, a los que se interesen por sus orígenes o a quienes quieran saber de la evolución y empoderamiento de las mujeres, cuya naturaleza se revela revolucionaria en este libro.

Estas heroínas de ficción y sus autores y autoras no merecen caer en el olvido, porque anticipan el devenir de un género que se hizo tan popular. Algunas de las claves de la posterior época dorada de la novela policiaca están ahí
Su lectura, en conjunto, resulta agradable.
El prólogo de Michael Sims muestra una atractiva mezcla de erudición y pasión que lo hace muy ameno.
Detectives victorianas. Las pioneras de la novela policiaca
Michael Sims
Traducción de Laura Salas Rodríguez
Siruela
330 páginas. 28,45 euros
Ebook 11,39 euros
PS. A quienes le haya interesado este libro, les recomiendo Cuentos de detectives victorianos, de Alba Editorial. Encontrarán espléndidos relatos de autores tan conocidos como Chales Dickens, Wilkie Collins o Arthur Conan Doyle y otros más desconocidos pero también interesantes.
Once pioneras
Señora Pachal. La condesa misteriosa (1864), de W. S. Hayward. Está en la cuarentena. Es detective profesional, colabora con Scotland Yard e intenta cumplir sin rechistar lo que le manda el jefe. Tiene sentido común y muy buena opinión de sí misma. Investiga el origen misterioso de la fortuna de una aristócrata viuda.
Señora G.El arma desconocida (1864), de Andrew Forrester Hijo. Detective profesional. Colabora con la policía y reniega del agente con el que tiene que trabajar. Su mente no podía admitir, dice de él, a una investigadora con enaguas. Resuelve el asesinato de un joven.
Loveday Brooke. Dagas dibujadas(1893), de C. L.

Loveday Brooke

(Catherina Louisa Pirkis). Detective profesional. Trabaja en una agencia y planta cara a su jefe cuando no está de acuerdo con él. Tiene unos treinta años y siempre viste de negro. Investiga la desaparición de una joven.

Sarah Fairbanks. El brazo largo(1895), de Mary E. Wilkins. Es maestra. El asesinato de su padre del que es acusada la impulsa a investigar para demostrar su inocencia. El relato anticipa la novela psicológica y aborda un tema tabú entonces: la relación entre dos mujeres.
Amelia Butterworth. El asunto de la puerta de al lado

Amelia Butterworth

(1897), de Anna Katharine Green. Aficionada a resolver misterios. Está en la cincuentena, muy curiosa y simpática. Desentraña un asesinato en la casa vecina.

Dorcas Dene. El hombre de los ojos feroces(1897), de George R. Sims. Dorcas, detective privada, monta su propia agencia. Es una Sherlock Holmes con faldas e incluso tiene su Watson. Investiga el misterio de una joven casi estrangulada.
Loys Cayley. La aventura de la anciana quisquillosa(1899), de Grant Allen. Tiene veintiún años. Genuina representante de la nueva mujer del cambio de siglo. Ha estudiado en Cambrige. Se desplaza en bicicleta. No quiere trabajar de maestra ni casarse. Se lanza a la aventura como dama de compañía de un mujer cascarrabias y en un viaje en tren evita que le roben las joyas.
Dora Myrl. Las muescas del bastón(1900), de M. McDonnell Bodkin. Detective profesional. En la estela de Sherlock Holmes. Inteligencia, eficacia y valor. Demuestra la inocencia de un empleado de banca acusado de haber robado oro y billetes.
Judith Lee.El hombre que me cortó el pelo(1912), de Richard Mas. Profesora de sordomudos. Aprendió a leer los labios de su madre sorda, lo que le ayuda a investigar delitos. Lee en los labios lo que hablan unos delincuentes dispuestos a robar la plata de un vecino y consigue detener a una banda de ladrones.
Madelyn Mack. El hombre que tenía nueve vidas(1914), de Hugh C. Weir. Inspirada en una detective privada real. Tiene su propio Watson, la periodista Nora Noraker que relata sus hazañas. Investiga un intrincado caso, en el que un multimillonario aparece muerto en una habitación cerrada.
Violet Strange. La segunda bala(1915), de Anna

Violet Strange

Katharine Green. Es una agraciada joven de la alta sociedad que oculta sus tareas detectivescas a los de su clase social. Lo hace para ayudar una hermana injustamente desheredada. Resuelve el misterio sobre un supuesto suicidio, probablemente un asesinato.

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