Las oscuras calles de Los Ángeles

Lilian Neuman Sin categoría

«No era hermosa, tenía una cara demasiado estrecha para ser bella. Pero era pura dinamita”

Dix Steele vive la gran vida que no les corresponde. A costa de los trajes de su amigo -el dueño de casa, que no está en la ciudad- de los cheques de su odiado tío Fergus, que ya no le cree una sola palabra sobre su supuesto tratamiento médico. Y en ese patio de vecinos de alto nivel, en Beverly Hills, Dix se cruza con esa joven que vive enfrente. Un persona con secretos, como él.

Esta es una de esas novelas pura sangre con un comienzo increíble. Cuando Dix deambula por esas nebulosas calles nocturnas, desiertas, de subidas y bajadas; de ese Los Ángeles en los años 40, cuando Dix y otros han vuelto de la guerra y el mundo que se les ocurre está en los clubes cargados de humo, los cócteles y las conversaciones entre la banalidad y las miradas inquietas. Desde Osvaldo Soriano a Michael Connelly, este paisaje es de todos, también de los lectores. Y de Humprey Bogart, aunque no le haga justicia en la película al Dix creado por Hugues (tema aparte; el embrujo que la figura de Bogart por delante de sus capacidades actorales).

La norteamericana Dorothy Hugues (1904-1993) es menos famosa que otros nombres de la narrativa negra que hasta hoy siguen resonando. A lo largo de su vida se dedicó a la crítica literaria de género negro (durante cuarenta años) y publicó un estudio sobre la obra de Erle Stanley Gardner. Su obra literaria -doce novelas a partir de 1940, ésta es de 1947)- tuvo adaptaciones cinematográficas, entre ellas la de esta obra. Pero hay que decir que en la película desaparecen rasgos fundamentales de la historia original. También del talante de la protagonista (encarnada por Gloria Grahame, cuya personalidad mereció una interesante película). La chica “lista, mimada y suspicaz” del libro cambia de color. Y la otra mujer de la historia -muy importante- sólo es un adorno o poco más.

Con libros como este ocurre algo así: uno lee en voz alta determinados pasajes, y cree que ya los ha leído en otros autores. Algo similar a leer en voz alta a Raymond Chandler. Culpa de sus numerosos herederos. Todos los personajes están rodeados de un inquietante silencio. De Dix poco se sabe, un poco más de lo que alcanzamos a saber de Philip Marlowe. Sus wiskis y su aburrimiento. Y los encuentros con un viejo compañero de armas, hoy un tenaz policía. Tipo serio y con un grave problema: todavía no ha podido capturar al estrangulador de mujeres que opera de forma sistemática por la ciudad. Pero no le falta tiempo para pasar buenos ratos con el despreocupado de Dix, y sus frivolidades. En verdad, en el libro hay dos mujeres muy especiales. No porque sí Dorothy Hugues le da un gran papel a Silvia, la esposa del policía.

Y entre estas dos fuerzas femeninas se define esta trama que huele a creciente fatalidad. En este mundo de gente que no se sabe de qué vive -tan afín a la novela Eva, de Chase-, cada vez que suena el teléfono -oh, esos teléfonos voluptuosos y cargados de presagios,- cada vez que se encienden un cigarrillo y se observan aparentemente aburridos, algo aún más feo está pasando. Es posible que la parte final de la obra sea algo extensa; si se es estricto con la economía narativa. Pero nunca olvida el lector que está, sobre todo, ante una historia de crímenes. Y que se acerca a su inesperada resolución.

En un lugar solitario

Dorothy B. Hugues

Gatopardo ediciones

Traducción de Ramón de España

267 páginas

19,85 €

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