La destrucción de un nombre

Rosa Mora Sin categoría


“No puede pasar esto. No a mí, no en el siglo XXI, no en Francia. Y no a mí”

Théo Béranger pertenece a una familia adinerada, con padres ausentes en su infancia, siempre a la sombra de su brillante hermano, siempre en competencia con él. Hasta que un día estalla y termina en la cárcel.

Y todo empieza cuando, al cabo de diecinueve meses, sale huyendo de todos sus demonios y descubre un lugar maravilloso. Alojado en casa de un matrimonio, recupera el placer del senderismo, feliz de su reencuentro con la naturaleza, dispuesto a disfrutar y perder el tiempo. 

Entre árboles y caminos ignotos, inicia Théo su redención hasta que -y ahí da Collette una de sus vueltas de tuerca- descubre una casa medio oculta, aparentemente abandonada.

Théo Béranger aprenderá pronto que el sufrimiento humano puede llegar a límites insospechados, que será capaz de matar por un trozo de pan, o de soportar la sed hasta querer morir, encadenado a una pared.

Huir de los escenarios urbanos típicos de la novela negra ya es algo habitual. Por citar sólo cuatro ejemplos, ahí están los libros de la canadiense Louise Penny ambientados en el pueblo de Three Pines; Años de sequía y Naturaleza salvaje, de la australiana Jane Harper; el paisaje islandés de Invierno ártico o Naturaleza hostil, de Arnaldur Indridason o la trilogía de Baztán, de Dolores Redondo…

Pero en el caso de esta escritora francesa los parajes más bucólicos se convierten en la tierra más hostil, aterradora. Una verdadera trampa mortal. “Estamos en el sótano de la casa. Encerrados en la casa de dos tarados, en un agujero en el culo del mundo”, dice Luc, uno de los personajes de la novela.

En El soterrani, el “culo del mundo” está en la Francia profunda, de escasa población y dispersa, de enorme pobreza, poco comunicada, con generaciones de consanguíneos y alcohólicos. Este es el mundo de esta historia en donde, por encima de la trama o del suspense, se imponen la lucha por la supervivencia( aunque sepas que sobrevivir no significa nada), la violencia física y psíquica, la degradación. La rabia y el pánico. Y la escritura de Collette, las frases como descargas de ametralladoras, certeras y veloces.

Todos los valores de Theo se tambalean. Como dice Àlex Martín Escribà en el prólogo, los personajes de Collette revelan la parte más oscura del ser humano, en la línea más dura de un Jim Thompson o un David Goodis. 

Esta historia -la novela más estremecedora que le leído en mucho tiempo- obtuvo en Francia el Premio Nacional de de Literatura Policíaca en 2013. Sandrine Collette (París, 1970) ha estudiado Filosofía y Ciencias Políticas. Le gustan las aventuras de Arsène Lupin, de Maurice Leblanc, y del comisario Adamsberg, de Fred Vargas. Ha escrito hasta hora, incluyendo El soterrani, seis novelas.

Ojalá Crims.cat, la colección la editorial Alrevés, continúe traduciéndo a Sandrine Collette. Es un descubrimiento. Ah, y la traducción de Maria Llopis, excelente. 

Nota: todavía no hay traducción al castellano.

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